«La tierra bramaba y eso me quedó grabado» PDF Imprimir E-mail

El preparador físico de Universidad de Chile, Javier Carballo, no olvidará nunca el terremoto del 27 de febrero en Chile; estaba en la habitación de un hotel de Santiago mirando por televisión el recital de Ricardo Arjona en Viña del Mar, cuando todo “empezó a temblar”. El reportaje fue publicado por el diario El Observador.

 

 

Esa noche cantaba Ricardo Arjona en Viña del Mar. Como nos gusta a casi todos, nos quedamos en las habitaciones del hotel de Santiago, donde concentramos, mirando el recital por tele. A las tres de la mañana empezó a temblar todo”, recuerda Javier Carballo, preparador físico de Universidad de Chile. El terremoto del sábado 27 de febrero de 2010 en Chile fue el acontecimiento que más lo marcó durante su carrera en el fútbol, que además incluye clubes de Paraguay y México.

Su relato prosigue: “Pensé que paraba enseguida. Pero como no se detenía y la gente empezó a gritar, atiné a ponerme debajo del marco de una puerta como había escuchado alguna vez. Estábamos en el sexto piso del hotel y no me podía mantener de pie. Entonces bajamos con Álvaro Fernández (futbolista uruguayo) por la escalera; el hotel estaba lleno. La tierra bramaba, eso me quedó grabado. Dicen que fueron dos minutos y medio; para mí fue una eternidad”.

En ese momento, “te pasa todo por la cabeza. Pudimos conectarnos con nuestra familia en Montevideo, después se cortaron las comunicaciones. Había réplicas cada poquito tiempo”.

Luego, “me fui a mi apartamento en un noveno piso, donde se estaba quedando el Cacique (Alexander) Medina. Me contó que corría de un lado a otro aguantando el televisor y cada mueble que se estaba por caer”. Como todo se movía con frecuencia, “agarramos el termo y el mate y nos fuimos a una plaza. Ahí nos quedamos toda la tarde”.

Contó que su apartamento “solo sufrió una rajadura en el piso y en la pared. Acá en Santiago los edificios están preparados para los terremotos. Fijate que alcanzó el grado de 8.5 y el de Haití fue 6.5 y no quedó nada”.

Si bien ese fue el momento más crítico, la permanencia de Javier en Chile ha tenido otros ingredientes para incluir en un anecdotario. “Fuimos a jugar a Río de Janeiro contra Flamengo por la Copa Libertadores y vimos cómo se vino abajo la mitad de un morro frente a nuestro hotel porque llovía de manera impresionante. Quedamos aislados. El partido se postergó porque los vestuarios se inundaron y el día que se jugó cuando llegamos al Maracaná todavía estaban sacando agua”.

Otro capítulo dramático sucedió cuando la Uchi viajó a Caracas, para disputar otro partido de Copa. “Habían ido 30 o 40 hinchas de la U y los policías los corrieron a los balazos. Nosotros estábamos en el medio porque el fútbol continuó. Parecía una película de cowboys”, recordó Carballo.

Ahora, “pasó esto de los mineros. Todo el mundo habla del tema. Hace unos días fuimos a jugar a El Salvador, en el medio del desierto (de Atacama) y muy cerca de donde están los mineros bajo tierra. En la ciudad hay solo un hotel, hecho de contenedores y se llenó con la gente que trabaja en el rescate. Teníamos que ir a Copiapó, a 250 kilómetros en un camino que sube entre las montañas. Por suerte el club se portó muy bien y nos puso un chárter para ir a jugar directo desde Santiago y volver enseguida”.

De todas formas, el preparador físico destaca la posibilidad que le dio el fútbol de conocer. “Santiago es una ciudad moderna, trasladarse en subtes es bárbaro, aunque nosotros nos vamos a la prácticas juntos con Gerardo (Pelusso, el DT) en auto”. Y está encantando con la forma que festejan los chilenos el bicentenario de su independencia. “Se paraliza el país”.